Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; (Salmos 92:1)
Señor, hoy quiero dedicarte un momento sin esperar a tener las palabras perfectas. Puedo alabarte con una canción conocida o con una oración sencilla mientras ordeno la casa. Gracias por acompañarme durante esta semana y por las personas que estuvieron cerca cuando las necesité. También traigo delante de ti lo que fue difícil, sin disimularlo. Ayúdame a recordar tu bondad al empezar este día y a hablar de ella con gratitud, tanto en silencio como en voz alta.