29 de Septiembre: Amigos Que Cargan Contigo

Escucha:

Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. (Marcos 2:3)

Piensa:

El hombre paralítico llegó hasta Jesús porque cuatro personas decidieron cargarlo. Marcos no registra sus nombres ni explica cuánto tiempo lo conocían. Solo cuenta lo que hicieron. Tomaron el lecho, caminaron con él y, al encontrar la entrada bloqueada por la multitud, buscaron otra manera de acercarlo.

Cargar a alguien exige más que buenas intenciones. Los cuatro tuvieron que avanzar al mismo ritmo, sostener cada esquina y ajustar el peso cuando el camino se volvió difícil. Si uno soltaba su parte, los demás lo sentían. Su amistad se hizo visible en el esfuerzo compartido.

Hay días en que una persona cercana no necesita una frase que resuelva su vida. Necesita que alguien la acompañe a una consulta, cuide a sus hijos durante una diligencia, prepare una comida o se siente a escuchar sin mirar el reloj. También puede necesitar que oremos por ella cuando ya no encuentra palabras. Esas acciones parecen comunes, pero pueden acercarla al lugar donde reciba ayuda.

Este pasaje también nos recuerda que alguna vez seremos nosotros quienes vayamos sobre el lecho. Aceptar apoyo puede resultar incómodo, sobre todo si estamos acostumbrados a resolverlo todo solos. Sin embargo, permitir que otros carguen una parte no nos hace menos valiosos. Nos recuerda que la fe se vive en comunidad y que nadie tiene que atravesar cada dificultad por su cuenta.

Piensa hoy en una carga concreta, no en una promesa general. Quizá puedas tomar una esquina. Quizá necesites decir con honestidad que esta vez no puedes caminar solo.

Ora:

Señor, muéstrame quién necesita una ayuda concreta y dame disposición para acercarme sin invadir. Enséñame a escuchar, a cumplir lo que ofrezco y a compartir el peso con otros. Cuando sea yo quien necesite apoyo, quita de mí el orgullo que me impide pedirlo. Gracias por las personas que has usado para sostenerme en días difíciles.

Deja un comentario