Escucha:
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:14-15).
Piensa:
La oscuridad no se combate discutiendo con ella ni analizando cuán oscura es; la oscuridad simplemente desaparece ante la presencia de la luz. Como creyentes, tenemos una identidad clara: somos luz. Esto no es algo que intentamos ser, es lo que somos cuando Cristo habita en nosotros.
Sin embargo, a veces escondemos esa luz por miedo al rechazo, por vergüenza o por comodidad, adaptándonos a las tinieblas para no destacar. Pero una luz escondida no cumple su propósito.
Nuestra función es alumbrar. Esto se traduce en buenas obras, en integridad, en amor y en justicia visible. Cuando vivimos auténticamente nuestra fe, nuestra vida se convierte en una guía para otros que están perdidos. No necesitamos ser perfectos para brillar, solo necesitamos estar conectados a la fuente de luz verdadera y no tener miedo de mostrarnos tal cual somos en Él.
Ora:
Señor Jesús, gracias por hacerme luz en medio de este mundo. Dame la valentía para no esconder mi fe ni mis valores. Que mis acciones y mis palabras hoy sirvan para alumbrar el camino de otros hacia Ti. No permitas que la oscuridad de mi entorno apague el fuego que has puesto en mi corazón. Amén.