07 de Enero: La calma en el caos

Escucha:

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. (Isaías 26:3-4)

Piensa:

A menudo, la batalla más grande no se libra en el exterior, sino dentro de nuestra propia mente. Cuando las circunstancias nos abruman, es fácil permitir que el miedo y la ansiedad tomen el control del volante, llevándonos por caminos de desesperación imaginaria que aún no han sucedido. Sin embargo, en medio del caos, existe una promesa de estabilidad que no depende de que la tormenta cese, sino de dónde tenemos puesta nuestra mirada.

El apóstol Pablo lo refuerza en Filipenses 4:7 cuando dice: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Es natural querer resolverlo todo con nuestras propias fuerzas o perder el sueño buscando soluciones humanas que, muchas veces, son temporales y frágiles. Pero el texto nos invita a «perseverar» en Él. Esto significa anclar nuestro pensamiento en su fidelidad y no en el tamaño de nuestro problema. Si nuestra mente divaga hacia el «qué pasará», terminamos naufragando; pero si nuestra mente se queda fija en «quién es Dios», encontramos esa paz completa.

Este pasaje me hace recapacitar en que la paz no es la ausencia de problemas, sino la certeza de la presencia de Dios en medio de ellos. Él es la Roca de los siglos, inamovible. Si Él pudo calmar el mar embravecido con una sola palabra, también puede ordenar el caos de nuestros pensamientos. No gastemos energía en la preocupación, invirtámosla en la confianza, sabiendo que mientras nosotros descansamos, Él sigue trabajando. ¡Señor: sé tú nuestra calma!

Ora:

Señor, calma el ruido de nuestros pensamientos y ayúdanos a enfocar nuestra mirada solamente en ti. Enséñanos a soltar el control de aquello que no podemos cambiar y a descansar en tu soberanía, sabiendo que Tú sostienes el universo y también nuestras vidas. Te damos gracias por tu protección constante, por el aire que respiramos y por las fuerzas que renuevas cada mañana. También te damos gracias por los momentos de incertidumbre, porque nos obligan a acercarnos más a ti y a recordar que no somos autosuficientes. Gracias porque tu paz es un escudo alrededor de nuestro corazón; permite que esa paz fluya hoy en nosotros como un río, llevándose todo temor. Amén.

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