Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; (Santiago 1:19)
Señor, cuando alguien me hable hoy, ayúdame a escucharlo hasta el final. A veces preparo mi respuesta mientras la otra persona sigue hablando, y dejo de atender lo que intenta decirme. Dame paciencia para hacer una pausa antes de reaccionar, sobre todo si sus palabras me incomodan. Quiero comprender mejor y hablar con cuidado, sin usar el enojo para imponer mi punto de vista. Si me equivoco, dame humildad para reconocerlo y volver a conversar sin levantar la voz.