02 de Octubre: Levantarnos Y Reconstruir

Escucha:

Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. (Nehemías 2:18)

Piensa:

Antes de pedirle al pueblo que reconstruyera los muros de Jerusalén, Nehemías salió de noche a revisar los daños. Vio las piedras caídas y las puertas consumidas por el fuego. No presentó una idea basada en rumores. Conocía el problema, había orado por él y también había gestionado ante el rey los permisos y materiales necesarios.

Cuando habló con los habitantes, no escondió el estado de la ciudad. Les recordó cómo Dios lo había ayudado y les contó la respuesta del rey. La reacción fue concreta: «Levantémonos y edifiquemos». Después fortalecieron sus manos para comenzar el trabajo.

Reconstruir suele ser menos rápido de lo que imaginamos. Puede tratarse de ordenar unas finanzas deterioradas, recuperar una relación después de una discusión o retomar un hábito que abandonamos. Mirar todos los daños al mismo tiempo puede desanimarnos. Por eso conviene identificar una parte y empezar por allí: revisar una cuenta, hacer una llamada pendiente, retirar lo que estorba o pedir perdón por una acción específica.

Nehemías no reconstruyó el muro solo. Cada familia asumió una sección y el esfuerzo se sostuvo entre muchos. Hay reparaciones que también requieren compañía. Pedir orientación a alguien capacitado, distribuir responsabilidades o aceptar que otro revise nuestro trabajo puede evitar que volvamos a levantar sobre una base débil.

No tienes que fingir que nada se rompió. Puedes observar con honestidad, orar y preparar el trabajo. Tal vez hoy no termines el muro, pero sí puedes mover la primera piedra.

Ora:

Señor, dame valor para mirar de frente aquello que necesita ser reparado. Muéstrame por dónde comenzar y con quién debo contar. Líbrame de la prisa que busca resultados inmediatos y del desánimo que no me deja intentarlo. Ayúdame a trabajar con orden, a reconocer mis errores y a perseverar en cada tarea que pueda hacer para bien.

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